GASPAR NUÑEZ DE ARCE

(1834-1903)

“El tiempo imposible y frío

va empujando tu memoria

que brilla un punto en la Historia

y se pierde en la memoria.”

Gaspar Nuñez de Arce.

LA VOZ DEL ADALID DE LA POESIA POLÍTICA

El vallisoletano Gaspar Núñez de Arce integra, junto a Campoamor y Bécquer, la triada capital en el aprecio del público y popularidad indiscutida a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, época en la que se inscribe su poesía plenamente y en cuyo seno hemos de entenderla. Fuera del contexto en que surgió y se desenvolvió esta obra aun sin carecer de notables valores poéticos acrónicos y universales, pierde su valor esencial, representativo, quedando un poco lejos del gusto poético actual, causa quizá por la que Núñez de Arce no goza en nuestros días del puesto de privilegio de que disfrutó en su siglo. Sin embargo, tanto Estrofas como Tristezas figuran en la colección de Menéndez Pelayo “Las cien mejores poesías líricas de la lengua castellana”.

Gaspar Nuñez de Arce nace en Valladolid el 4 de agosto de 1834.Trasladada su familia a Toledo, pasa allí parte de su infancia y adolescencia. A los diecisiete años estrena en Toledo su obra teatral Amor y orgullo, con la que obtuvo un éxito notable.

Poeta, periodista y político de ideas liberales. Progresista, primero; después de la Unión Liberal. Más tarde y disuelta esta, del partido constitucional y miembro de la Junta Revolucionaria de Barcelona (1868).

En 1851, tentado por la aventura política y literaria, abandona el hogar y se traslada a Madrid, donde nada más llegar logra un puesto de redactor en uno de los más importantes periódicos de aquel tiempo El Observador. Más tarde es redactor de La Iberia y cronista de la guerra de África. Dedicado a la política, fue diputado, gobernador de Barcelona, senador, secretario de la Presidencia de Gobierno y ministro de Ultramar. También fue presidente del Ateneo de Madrid y miembro de la Real Academia Española. Nuñez de Arce muere en Madrid el 19 de julio de 1903.

Nuñez de Arce escribió varias obras teatrales, entre ellas Justicia providencial, Deudas de honra y Quien debe, paga. La que mayor resonancia alcanzó es El haz de leña. Trata en ella de la muerte de príncipe Don Carlos, hijo de Felipe II. Pero no es por el teatro ni por su circunstancial labor periodística por lo que Nuñez de Arce es recordado. Su mayor notoriedad se debe a su obra en verso lírica o narrativa.

Entre sus obras de poesía narrativa destacan: Raimundo Lulio, que vio la luz en Madrid en 1875, La selva oscura, La última lamentación de Lord Byron, El vértigo, Un idilio y La pesca

La poesía lírica de Nuñez de Arce está representada especialmente por sus libros: Gritos de combate, Versos perdidos y Poemas cortos. En Gritos de combate, su obra capital en la producción poética, con tono grandilocuente ataca la sociedad de su tiempo y se muestra escéptico ante ella, porque según él, en vez de crear libertad, crea libertinaje. Núñez de Arce se halla convencido de que la poesía ha de ser algo más que un juego estético, convirtiéndose así en un medio idóneo de la misión del poeta, paradójicamente, extrapoética y apostólica. Esta concepción de la poesía y la naturaleza político-cívica de su mejor obra, han hecho que la labor poética del vallisoletano haya sido marginada por cierto tipo de crítica finisecular, atenta exclusivamente a sus composiciones de tipo lírico. Otra nota distintiva de la poesía de este poeta cívico es su propensión hacia tonos grandilocuentes y ampulosos que enmascaran las más de las veces una verbosidad carente de contenido. Sus escritos teóricos, muestran a Nuñez de Arce buen conocedor del hecho poético, bien informado tanto de la poesía clásica española como en general de la que se escribe fuera de España. A poco más de un siglo de su muerte, podemos decir que quedará prácticamente como un valor de su época.

El verso de Nuñez de Arce es efectista y fácil, generalmente prosaico pese a la buscada elección del tono y a la trascendencia que quiso darle. La oratoria se destaca más que la verdadera poesía. Como sucede en estos versos: “Salve a esta sociedad desventurada / que bajo el peso de su orgullo mismo / rueda al profundo abismo / acaso más enferma que culpada”.

Francisco Arias Solis
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