JULIO MARURI
“¿Para quién cantas, Julio Maruri
para quién,
esta noche de estío,
en el palacio real de Santander?”
Julio Maruri.
LA VOZ DE LA INOCENCIA PERDIDA
Julio Maruri se une a José Hierro y José Luis Hidalgo, amigos de su infancia, e inician, con otros, la revista Proel. Comparte Maruri con el grupo el tono existencial, el tema de la muerte progresiva, el afán por humanizar la poesía, no tanto a través de cambios innovadores, sino mediante la concentración, expresiva de imágenes o símbolos tradicionales.
Se diferencia de sus dos compañeros porque su melancolía aparece en un clima de serenidad de tono clásico; las formas métricas que predominan son lo versos octosílabos, heptasílabos y eneasílabos.
Julio Maruri nace en Santander en 1920. “Yo fui soldado de la quinta del 41-nos dice Maruri-, que estuvo cinco años en el servicio militar, por eso reclamo del Gobierno español una indemnización moral por secuestro y abuso de poder para todos lo que como yo, hijos de pequeños comerciantes, agricultores, de obreros –porque los de buenas familias se libraron-, debimos permanecer cinco años en el Ejército”. El primer libro, publicado por Proel, data de 1945, Las aves y los niños; la fecha en que comenzó a escribir poemas se sitúa en 1940, cuando Julio Maruri reside en Madrid cumpliendo el servicio militar y conoce a Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre y Rafael Morales. El tema de Las aves y los niños es el de la infancia perdida; la nostalgia se expresa desde la angustia con que vive el mundo, que marcha ciego, al contemplarlo desde su ser adulto.
Los años (1947) fue “accésit” del Premio Adonais; el tema sigue siendo el de la experiencia de la soledad del hombre, en el tiempo de su existencia; el libro es un solo poema en forma de diálogo con un “tú” que unas veces es la belleza, otras la primavera o la mujer amada, mientras el yo -el poeta- se encuentra en las imágenes en que aparece en el fragmento “Joven de piedra”. En 1948 tiene lugar su primera exposición de dibujos realizados a tinta china en la sala del diario Alerta.
En 1956 publica Obra poética; la melancolía, la angustia por la temporalidad de la vida, el sueño imposible que le parece el amor y aún el tema del desengaño aparecen superados en el poema “El hombre nuevo”, que responde a una crisis de Julio Maruri que le llevó a ingresar en los carmelitas descalzos de Villafranca de Navarra en 1950, en la que tomó el nombre de Fray Casto del Niño Jesús. El árbol -símbolo de su vida- que “sin alegría se agitara un día” “cede su reinado / al puro firmamento soleado”. Debido a una nueva crisis religiosa se traslada a Bélgica y Francia. Posteriormente abandona la orden y se quedó a vivir en París, dedicado a la pintura.
En 1957 aparece su Antología poética, obteniendo el Premio Nacional de Literatura de ese año. Sin embargo, la inquietud y el desengaño vuelven a los versos en su libro, Unos poemas (1959), cuando se pregunta -una noche de estío- para quién canta. De nuevo el interrogante sobre el propio destino domina en su obra, que sigue expresándolo en verso corto. Durante un periodo se dedica fundamentalmente a la pintura. Más tarde se publican sus libros Como animal muy limpio (1963), Entre Laredo y Holanda (1970), Algo que canta sin mí.Poesía 1944-1992 (1993), Artículos perdidos (1994), De un Santander perdido (2002). Y el poeta montañés sigue preguntándose: “¿Para qué escribes tú, Julio Maruri; / para quién? / ¿Por quién sufres lo que cantas / y por qué?”
Francisco Arias Solis
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